Donostia, 1 de Marzo de 2005
A través de este escrito, las abajo firmantes, con el apoyo de las asociaciones guipuzcoanas anti sida, Harri- beltza y Asociación anti sida de Guipúzcoa, y del Grupo de derechos Humanos de Red 2002, organización de ámbito estatal, queremos denunciar la situación vivida en el servicio de salud mental de la unidad de infecciosos del Hospital Nuestra Señora de Aranzazu.
Desde que la doctora Landa se hizo cargo del servicio (hacia 1992), fueron numerosas las personas que durante años encontraron apoyo para poder vivir con el VIH. El servicio funcionaba bien y tenía una importante demanda. Posteriormente, en el año 1999 se incorpora Alicia Izco y durante un tiempo ambas profesionales atienden a un buen número de pacientes.
A consecuencia de las oposiciones de Osakidetza la doctora Landa deja este trabajo en el 2003. Muchos de sus pacientes no pueden ser absorbidos por un solo profesional aunque algunos sí. Deciden cambiar de terapeuta con las dificultades que eso entraña ya que muchos toman tratamientos farmacológicos y necesitan algún tipo de seguimiento. En este cambio hay muchas personas perjudicadas, muchos pacientes pasan un período de confusión y readaptación, pero de algún modo la doctora Izco se hace cargo de los casos que quedaban abandonados con la marcha de la doctora Landa. (A esto hay que añadir la presencia puntual de otros profesionales que trabajaron durante periodos cortos de tiempo y también en prácticas)
Siguiendo este proceso de las oposiciones, en septiembre de 2004 se incorpora la persona que ha quedado primera en las listas de Osakidetza por lo que la doctora Izco abandona su trabajo. Los pacientes deben comenzar su terapia con una nueva profesional.
Pero cual no será la sorpresa cuando a los cuatro meses esta persona que había pedido un traslado a Vitoria en cuanto fuera posible, deja el trabajo y una nueva persona viene a ocupar esa plaza. ¿por cuánto tiempo?
Es muy posible que todo este trámite sea perfectamente legal pero nos parece absolutamente inmoral. Una sanidad que es capaz de jugar de este modo con la salud mental de sus pacientes dice muy poco de su calidad y de la importancia que da a las personas que viven con dificultad una enfermedad tan compleja como el sida. No esperamos reparaciones a los daños ocasionados a muchos afectados que han tenido que sufrir la incertidumbre y el abandono de sus tratamientos. Esperamos y exigimos que este tipo de cosas se corrijan y no vuelvan a suceder. De bien poco sirven los controles de calidad si no se puede garantizar que los usuarios de la sanidad sean tratados como personas.
Pedimos seriedad ante el dolor de quienes necesitan un soporte para poder vivir con el VIH. Esperamos que este escrito llegue a quien competa en Osakidetza para que esta situación vergonzosa no vuelva a suceder.
En espera de su respuesta, un saludo,
Fdo: Maite Brosa Larramendi
Fdo: Lierni Irizar Lazpiur
Fdo: Asociación anti sida de Guipúzcoa
Fdo: Asociación anti sida Harri-beltza
Fdo: Observatorio de Derechos Humanos, Red 2002